St. Paul Center for Biblical Theology

Readings
Isaiah 55:6-9
Psalm145:2-3, 8-9, 17-18
Philippians 1:20-24, 27
Matthew 20:1-16

The house of Israel is the vine of God - who planted and watered it, preparing the Israelites to bear fruits of righteousness (see Isaiah 5:7; 27:2-5).

Israel failed to yield good fruits and the Lord allowed His vineyard, Israel's kingdom, to be overrun by conquerors (see Psalm 80:9-20). But God promised that one day He would replant His vineyard and its shoots would blossom to the ends of the earth (see Amos 9:15; Hosea 14:5-10).

This is the biblical backdrop to Jesus' parable of salvation history in today's Gospel. The landowner is God. The vineyard is the kingdom. The workers hired at dawn are the Israelites, to whom He first offered His covenant. Those hired later in the day are the Gentiles, the non-Israelites, who, until the coming of Christ, were strangers to the covenants of promise (see Ephesians 2:11-13). In the Lord's great generosity, the same wages, the same blessings promised to the first-called, the Israelites, will be paid to those called last, the rest of the nations.

This provokes grumbling in today's parable. Doesn't the complaint of those first laborers sound like that of the older brother in Jesus' prodigal son parable (see Luke 15:29-30)? God's ways, however, are far from our ways, as we hear in today's First Reading. And today's readings should caution us against the temptation to resent God's lavish mercy.

Like the Gentiles, many will be allowed to enter the kingdom late - after having spent most of their days idling in sin.

But even these can call upon Him and find Him near, as we sing in today's Pslam. We should rejoice that God has compassion on all whom He has created. This should console us, too, especially if we have loved ones who remain far from the vineyard.

Our task is to continue laboring in His vineyard. As Paul says in today's Epistle, let us conduct ourselves worthily, struggling to bring all men and women to the praise of His name.

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Category:Sunday Bible Reflections -- posted at: 12:00pm EDT

Lecturas
Isaías 55, 6-9
Salmo 145, 2-3.8-9.17-18
Filipenses 1, 20-24.27
Mateo 20,1-16

La casa de Israel es la viña de Dios que Él plantó y regó, preparando a los israelitas para dar frutos de justicia (cf. Is 5,7; 27,2-5).

Israel no produjo frutos buenos y el Señor permitió que su viña, el reino de Israel, fuera invadida por conquistadores (cf. Sal 80, 9-20). Pero Dios prometió que un día replantaría su viña y sus brotes florecerían hasta los confines de la tierra (cf. Am 9,15; Os 14, 5-10).

Esto es el trasfondo bíblico de la parábola de Jesús sobre la historia de la salvación que presenta el Evangelio de hoy. Dios es el dueño. La viña es el reino. Los trabajadores contratados al amanecer son los israelitas, los primeros a quienes Él ofreció su alianza. Los que son contratados después son los gentiles, los no israelitas, quienes hasta la venida de Cristo eran extraños a las alianzas y promesas (cf. Ef 2,11-13). En la gran misericordia de Dios, el mismo sueldo, las mismas bendiciones prometidas a los primeros llamados -los israelitas- serán pagados a los que fueron llamados por último, al resto de las naciones.

Estas palabras provocan murmuraciones en la parábola de hoy. Las quejas de esos primeros trabajadores, ¿no suenan acaso como las del hermano mayor de la parábola del hijo pródigo? (cf. Lc 15,29-30). Los caminos de Dios, sin embargo, están lejos de los nuestros, como escuchamos en la primera lectura de hoy. Y las lecturas de hoy deberían prevenirnos contra la tentación de renegar de la generosa misericordia divina.

Como los gentiles, muchos serán admitidos al final para entrar en el reino, luego de pasar la mayoría de sus días holgazaneando en el pecado.

Pero incluso estos pueden acudir a Él y encontrarlo cerca, como cantamos en el salmo de este día. Debemos regocijarnos de que Dios tenga compasión hacia todos los que ha creado. Eso nos debería consolar, especialmente si somos de los que permanecen lejos de la viña.

Nuestra tarea consiste en seguir trabajando en su viña. Como San Pablo dice en la epístola de hoy, conduzcámonos dignamente luchando para que todo hombre y mujer alabe su Nombre.

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Category:general -- posted at: 12:00pm EDT

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